Desde pequeña te cuentan historias de amor, esas historias increíbles en las cuales consistían en que la chica inofensiva se encuentra con su príncipe azul, el la salva y son felices para siempre. Entonces tu principal pensamiento cuando sos pequeña, es que queres a tu hermoso caballero venir a rescatarte en un caballo blanco... crees en un amor puro, en el cual no hay maldad y todo es perfecto después que encontrar a esa persona... pero esa idea no dura mucho. Porque creces y te das cuenta que solo es un cuento de hadas. Entonces empezas a buscar vos las historias, encontras amores para siempre, historias trágicas y la realidad... en la cual las personas se cubren con caretas, porque amar te hace débil, porque entregar tu corazón significa que te lo van a romper.
Un día llego a mi la leyenda del hilo rojo, un simple hilo de color rojo que es imposible de ver... el cual une dos almas para siempre, sin importar nada. Sin importar el tiempo, la distancia, los cuerpos, lo débiles que somos los humanos... siempre tu alma va a estar atada a esa otra alma. Es increíble... imposible de imaginar lo intensa que es esa conexión. Y así empecé a enamorarme de la ida del amor... era mucho más fácil.
Es más fácil enamorarse de una idea, en vez de una persona... las personas cambian, engañan, mienten... pecan. Entonces me protegí detrás de mis barreras, solo imaginándome que se sentiría amar.
Y un día como cualquier otro, ella apareció, con su apariencia tranquila como siempre. Y en un ataque de rebeldía terminó entre mis brazos, nos fundimos en un abrazo, en esos abrazos simples pero en el cual los corazones llegan a unirse... y ahí creyendo que era un simple abrazo... lo sentí, sentí la conexión.
Nadie te dice como va a hacer ese momento, nadie te prepara para el... entonces lo sentís, sentís que estas cerca de alguien que conoces hace muchísimo tiempo y que ahora ya no podes, ni queres irte de su lado... entonces como cobarde que soy, me fui.
Me escapé de esa fuerte sensación... no estaba preparada me dije a mi misma. Pero al poco tiempo me di cuenta que mi alma había sentido algo especial y no sé iba a cansar hasta volverlo a sentir devuelta; y que ser débil no era importante si tenías otro par de brazos para protegerte.
Y así volví, arrepentida por haberme ido... dispuesta a entregar mi corazón del todo, porque un pedazo de él ya se había quedado con ella después de ese abrazo.
Noche -.

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